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sábado, 15 de julio de 2017

LOS GRANDES POETAS DEL TANGO (VIII): LUIS CÉSAR AMADORI

Poeta, escritor, periodista y empresario teatral, fue Luis César Amadori, además, un multifacético hombre del cine, ya que se desempeñó en dicha industria en calidad de cineasta, guionista, traductor y adaptador.
Nació en Pescara, Italia, el 28 de mayo de 1902.
A los 5 años de edad, arribó con su familia a la Argentina, radicándose en la ciudad de Córdoba.
Siendo todavía un adolescente, comenzó a trabajar como periodista en el diario "Última hora" y más adelante en la revista "Caras y caretas", en las que publicaba reportajes a protagonistas del ambiente teatral.
Ya estaba radicado en Buenos Aires. Y su vinculación con este arte, despertó en él la vocación de ser autor. Su primera obra fue "Un buen muchacho", escrita en 1927 conjuntamente con Ivo Pelay.
Inmediatamente, inicióse también como letrista de tangos, siendo su primer gran éxito: "Portero, suba y diga", compuesto en 1928 con música de Eduardo de Labar e inmortalizado por la voz de Azucena Maizani.
Al año siguiente, le siguió el vals "Felisa Tolosa", en conjunción con Ivo Pelay y Raúl de los Hoyos y estrenado por Amanda Las Heras en el teatro Maipo y grabado en ese mismo año por el maestro Francisco Canaro.
Así comenzó Amadori una entrañable relación con dicho teatro, puesto que llegó a ser su dueño. Y la ocasión fue, asimismo, propicia para iniciar una larga relación de amistad con "Pirincho".
La obra cumbre del binomio autoral que conformaron poeta y músico fue, sin ninguna duda, el tango "Madreselva". Y el propio Canaro relató su proceso de composición:
"Corría el año 1930 y después de haber permanecido internado en la clínica del famoso médico doctor Salomón ... resolví irme a Rosario de la Frontera en busca de un reposo absoluto y a tomar algunos baños termales.
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Antes de partir para las Termas me había encontrado con Luis César Amadori, destacado director cinematográfico y empresario del "Teatro Maipo", donde actuaba una compañía de revistas, quien me pidió que le hiciera un tango para que él le pusiera la letra y hacerlo cantar con la conocida cancionista Tania. Yo tengo uno escrito -le dije- y creo que le va a venir bien; pero quiero que le ponga una letra que no sea arrabalera ni campera; que sea una letra bien porteña... Y así fue; le dejé la partitura del tango y me fui para Rosario de la Frontera, donde pasé un par de meses sin enterarme de lo que pasaba en Buenos Aires, sin leer diarios, en absoluto; únicamente le escribía a mi viejo amigo Miguel Bucino, que era mi secretario y hombre de confianza.
...
Al llegar a la Capital, recién me enteré que el tango que le había dejado a Amadori para ponerle la letra, era ya un excepcional éxito, pues lo había estrenado Tania. 
Se titulaba "Madreselva" y es oportuno destacar que Amadori le había escrito una letra hermosa. Y a propósito de "Madreselva", popular tango que yo tenía escrito hacía mucho tiempo, les aclararé que tiene su pequeña historia. Lo había dado anteriormente a un conocido letrista que no acertó con lo que yo le había recomendado y le puso una letra de modalidad campera que en mi opinión no era adecuada para mi música; le dije con franqueza que la letra era buena, pero que no estaba de acuerdo con el espíritu de mi composición musical y el hombre retiró su letra. Poco tiempo después, vi a otro letrista que también disintió con mi deseo, pues había escrito una letra de carácter eminentemente arrabalero, motivo por el cual no la acepté y le devolví los originales, quedando dicho autor algo resentido conmigo.
Finalmente, Amadori interpretó mejor mis indicaciones y acertó con la letra y el suceso obtenido revela que yo no estaba equivocado y el público así lo ha confirmado con su cálida consagración, pues "Madreselva" fue y sigue siendo un difundido éxito internacional."



                                                

Portada de la partitura de "Madreselva" (1930)


Y razón no le faltó al maestro Canaro. 
Su tango prontamente recorrió con creciente suceso los rumbos del planeta. 
Ocho años después y manteniendo su éxito incólume; Amadori, a la sazón ya cineasta, rodó un film utilizando como base dicha obra. El guión fue escrito por Ivo Pelay y el propio Amadori y fueron sus principales protagonistas: Libertad Lamarque, Hugo del Carril, Malisa Zini y Miguel Gómez Bao.
Dicha filmación significó el comienzo de una larga y entrañable amistad entre director y cancionista, al punto que Libertad lo recordaba con estas palabras:
"Durante la filmación de <Madreselva>, en uno de sus descansos, impresionada por la personalidad de Raquel (N. de la R.: Raquel Meller), tuve la ocurrencia de imitarla; a Amadori le gustó el chiste y buscando cualquier pretexto, me decía: "A ver, Libertad, imite a la Meller"... no me hacía rogar e inmediatamente amenizaba la pequeña reunión.
...
Hacía de ella una imitación perfecta, aprovechando al máximo su tono agudo, gangoso y su personal encanto.
Pasaron los años, me casé con Alfredito y viajamos al extranjero. Al volver a Buenos Aires, en 1947, recordando aquella anécdota, Malerba visitó a Amadori en su (ya entonces) teatro Maipo, para proponerle la dirección de una película que podríamos filmar en México, basada en la vida y los "cuplés" de Raquel Meller, ya por aquellas fechas olvidada. Él escuchó complacido y sonriente (al recordar seguramente)... "Es una muy buena idea" -dijo-. "¿Cómo anda Libertad con nuestro gobierno?" "Y... ¡usted sabe cómo anda!" Las palabras sobraban; él no podía exponerse a represalias y nosotros, ¿qué podíamos hacer?... ¡nada!
... 
Con Amadori pude haber logrado otro gran éxito, ¿porqué no? Pero se nos escapó de las manos, no fue ni para él ni para mí, en cambio la gran oportunidad la tuvo la hermosa Sara Montiel... 
...
Durante una de nuestras giras por América, nos encontramos casualmente en el aeropuerto de Panamá con Arturo de Córdova y su familia, que iban de paso para México; para allá también nos dirigíamos nosotros, de modo que continuamos el viaje juntos; él venía desde Buenos Aires, donde había terminado de filmar "Dios se lo pague", con la hermosa Zully Moreno. Su director, Luis César Amadori, al llegar al aeropuerto azteca, lo estaba esperando al pie del avión, acompañado de un fotógrafo. Nunca olvidaré su expresión de sorpresa cuando nos vio al lado de Arturo y cuando el fotógrafo se disponía a tomar unas fotos del grupo: "¡Ya vuelvo!... ¡Ya vuelvo!..." -dijo atropelladamente Amadori; sus ojos se abrieron como suplicando perdón, sus cejas se levantaron en arco, como lomo de gato acorralado y sin terminar con el saludo, echó a correr por ese suelo bañado de llovizna y en dirección al edificio del aeropuerto que (con sus luces) iluminaba en contraluz la corpulenta figura de nuestro amigo que se alejaba con su fino impermeable bailoteando en el viento. Mencioné la palabra amigo y dije bien... porque ni siquiera en ese momento dejé de considerarlo como tal; era nuestro amigo, no en balde habíamos compartido tantos éxitos y tan gratos recuerdos. Pasaron muchos años y no volvimos a verlo... Un día nos enteramos de que por cosas de política, había tenido que sufrir con su familia situaciones iguales a las nuestras y lo lamentamos sinceramente... Él y los suyos habían emigrado a España.
Pasaron más años aún cuando, encontrándonos de paso en Buenos Aires, un buen día nos llegó la invitación de Mirtha Legrand y su esposo, Daniel Tinayre, para que compartiéramos su mesa con unos amigos. "¿Saben?, estará Amadori." "¡No digan! ¡Qué alegría! ¿Está en Buenos Aires?"... y así fue como volvimos a encontrarnos y reafirmamos nuestro mutuo afecto y amistad.
Posteriormente, volvimos a encontrarnos en casa de los Tinayre y en esa ocasión fue con Zully Moreno, su esposa.
Ésa fue la última vez que lo vimos con vida. Poco tiempo después, el 6 de junio de 1977, le llevé mis flores y mi tristeza."


                                                                        

Afiche cinematográfico de la película "Madreselva" (1938)



Amadori cometió un grave error de apreciación que en nada empaña su brillante trayectoria.
En ocasión de sustanciarse el juicio sucesorio de Carlos Gardel, fue nombrado por el juez que intervino en la causa como perito para tasar la propiedad intelectual del fallecido cantor y fue allí en donde Amadori incurrió en tan importante yerro, puesto que en su informe que consta de nueve carillas, escribió lo siguiente:
"...
Que para justipreciar el producido por derechos de autos que corresponde a los derecho-habientes de don Carlos Gardel del producido de las obras musicales de que es autor me he remitido a los resultados de las recaudaciones que por dicho concepto se han efectuado por intermedio de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música, la venta de discos de música impresa desde la fecha del fallecimiento (Junio 1935) hasta el 30 de septiembre del corriente año. (N. de la R.: 1936)
...
Tratándose de obras musicales o literarias, la duración efectiva de este éxito, sin el acicate de la presencia en vida de quien con su prestigio personal les daba realce popular, como en el caso de Carlos Gardel, puede conceptuarse por demás efímera.
Si bien es cierto que muchas obras del malogrado autor han llegado a un grado máximo de popularidad, pasado el momento de éxito circunstancial son en realidad pocas las que quedan comprendidas dentro del repertorio general para la ejecución de música y, estas mismas, serán poco a poco eliminadas hasta convertirse, al correr de los años, en una verdadera excepción".
Este informe demuestra que Amadori jamás pensó en la trascendencia que tendría el más importante cantor en toda la historia del tango y la idolatría de la cual gozaría aún en el presente.
Sin ninguna duda, una equivocación garrafal pero no debe suponerse que ésta, su opinión personal sobre el tema pueda opacar su obra, fundamentalmente como cineasta y letrista de tangos.
En esta última condición produjo obras muy importantes como (además de las anteriormente citadas): 
"Confesión", "Alma del bandoneón"; "Desencanto" y "Tu sombra" (con Enrique Santos Discépolo); "Ventanita florida" (con Enrique Delfino); "Olvido" (con Luis Rubistein); "Quién hubiera dicho!"; "Serenata" y "Luisito" (con Rodolfo Sciammarella); "Fondín de Pedro Mendoza" (con Raúl de los Hoyos); "Qué le importa al mundo"; "Envidia"; "El bichito del amor"; "La polka del espiante"; "Cariño"; "Cómo te quiero" y "El porteño" (con José González Castillo, Antonio Botta y Francisco Canaro); "1900" (con Edgardo Donato); "Nunca" (con Julio De Caro); "Compañera" (con Pedro M. Maffia); "Vendrás alguna vez" y "Muñecos" (con Alfredo Malerba); "Cabaret" (con Ernesto Famá); con Francisco Canaro, amén de las ya nombradas: "Yo también soñé"; "Quisiera amarte menos"; "Juramento"; "De contramano" y "Yo te lo arreglo todo". [Cabe aclarar que "Juramento" fue escrito sobre la música del tango "Puentecito de plata", que llevaba letra original de Pascual Contursi]. 
En este detalle no debe dejar de mencionarse su colaboración autoral con el notable cancionista "Charlo": "Esta noche canto para tí"; "Viejas alegrías"; "Tormento";  "Perdón"; "Margarita"; "Negra veleta" y principalmente, "Rencor" y "Cobardía", dos tangos de excelente factura dramática y dotados de una riqueza suprema.
Su obra como cineasta fue igualmente importante; dirigió 45 películas, algunas de las cuales integran el acervo histórico del séptimo arte argentino: "Puerto Nuevo" (1936), con "Pepe" Arias, "Charlo"; Sofía Bozán y Alicia Vignoli; "Maestro Levita" (1938), con "Pepe" Arias, "Mecha" Ortiz y Juan Carlos Thorry; "El canillita y la dama" (1938), con Luis Sandrini y Rosita Moreno; "La canción de los barrios" (1941), con Hugo del Carril y Alicia Vignoli; "Orquesta de señoritas" (1941), con "Niní" Marshall y Zully Moreno; "Madame Sans Gene" (1945), con "Niní" Marshall y Eduardo Cuitiño; "Dios de lo pague" (1948), con Arturo de Córdova y Zully Moreno; "El amor nunca muere" (1955), con "Tita" Merello, Zully Moreno, Mirtha Legrand y Alfredo Alcón; además de la anteriormente mencionada "Madreselva".
Luis César Amadori falleció en Buenos Aires el 5 de junio de 1977.


                   Cobardía; tango (L. C. Amadori - "Charlo")
                                          Carlos Gardel
                   Guitarras: Horacio Pettorossi - Guillermo Barbieri -
                                    Ángel Domingo Riverol - Domingo Julio Vivas
                          Grabado el 25 de agosto de 1933
                                 Nacional 18891a/7510

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jueves, 30 de marzo de 2017

LOS GRANDES POETAS DEL TANGO (VII): "LITO BAYARDO"

Poeta, compositor, cantor, guitarrista y editor de música, fue "Lito Bayardo" uno de los más importantes hombres de la cultura nativa.
Se llamaba en realidad Manuel Juan García Ferrari y nació en Rosario, provincia de Santa Fe, el 3 de marzo de 1905.
Su nacimiento, infancia y adolescencia fueron narrados por él mismo en sus memorias:
"Nací en la ciudad de Rosario de Santa Fe, cuando eran las 11 de la mañana del día 3 de marzo del año 1905 en un hogar humilde de la calle Pasco al 1500, al lado de la escuela que todavía existe.
Soy el primer hijo del matrimonio de doña Luisa Ferrari y de don Manuel Reyes García, ambos argentinos. Luego nacieron mis hermanos llamados Mateo, Alfredo, Rodolfo y Enrique. Mi padre murió muy joven de un síncope cardíaco a la edad de 33 años. Era un hombre trabajador perteneciente al cuerpo de cobradores y repartidores del diario rosarino "La Capital", decano de los diarios argentinos y de amplia difusión en la actualidad.
Desde criaturas tuvimos que luchar por la vida sorteando, con escasos medios todas las contingencias, siendo yo el mayor con apenas 12 años de edad. Vale decir, que a esa edad apenas podía ayudar a mi madre, esforzada y joven mujer a cargo de sus cinco hijos.
Supo educarlos como pudo, multiplicándose para trabajar en su oficio de chalequera y sus quehaceres en la pobre vivienda. Esta situación, en años difíciles malogró mis estudios primarios y dejé la escuela cuando cursaba el 4º grado. ¿Qué podría haber aprendido hasta entonces? Apenas a leer y escribir con los consiguientes errores de ortografía, garrafales hasta considerarme campeón en la materia. Debí contribuir al sostén del hogar colaborando dentro de mis posibilidades con mi madre, ella en su oficio y yo como pequeño obrero en una fábrica de yerba, donde ganaba 40 centavos por día, con opción a llevar un paquete de ese producto, todos los sábados, al precio de 20 centavos el kilo, con motivo del día de pago de la semana. Pocos años después abandoné la casa yerbatera, que era de la famosa firma Martin & Cia. todavía en actividad, para ocupar un puesto como "pinche" en los escritorios de la importante firma harinera de Molinos Fénix, con un sueldo mensual de 40 pesos. Mi labor elemental en esos escritorios me dio la oportunidad de familiarizarme con los libros y la práctica en la máquina de escribir, pudiendo afirmar que fue mi paso de avance hacia otros derroteros positivos por cuanto llegué a retirarme con el cargo de dactilógrafo. 
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Los años fueron pasando entre mis horas de trabajo en la fábrica, entretenido en mi casa y leyendo, con avidez donde y como pudiera, como si una fuerza interior estimulara ese afán de querer saber, no sólo el desarrollo del tema de cuanto libro o revista caía en mis manos, sino el significado de las palabras, para lo que había comprado un pequeño diccionario que guardo con cuidado celo.
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Yo quería saber escribir un poco más y mejor. Enamorado de la poesía un día me decidí a incursionar por los inciertos caminos de la rima. Tenía entonces 15 años y estimo que allí comenzó a fortalecer mi tímida vocación, como si su alumbramiento señalara para siempre mi camino. Era como si el premio a una fuerza de una voluntad fortalecida por una vocación anhelante, animara el éxito futuro. 
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Otra de mis inquietudes era la música. La música me atraía como un juguete nuevo. Pero ¿de dónde me había salido esa capacidad de asimilación para componer versos malos, verdaderos ripios inaceptables, a los que me gustaba musicalizar cantando mi propia melodía? Fue acaso esa temprana afición de autor y de compositor en potencia que años después me animó a estudiar un instrumento: la guitarra. La guitarra que todavía conservo y que comencé a pulsar pero que nunca aprendí. Me he guiado de algunos acordes y de mi oído para lograr una guía melódica, cuidando de ser algo original, sin plagio, componiendo siempre sin mayores pretensiones una obra que cantaba o silbaba a algún músico profesional amigo para que me la escribiera. Así nacieron algunas de mis composiciones y me fui internando en los ambientes musicales de mi ciudad, tratando de relacionarme con ejecutantes de prestigio. Recuerdo que allá por el año 1923 escribí uno de mis primeros tangos con música del violinista Adelio Zeoli. Lo titulé "Mala mujer" y fue en ocasión oportuna en que Dios me concedió su bendita dádiva que, como una regalía, me acercó a una cancionista consagrada en los ambientes porteños  y que llegara a un cine de Rosario para una breve actuación. El local se llamaba cine "La Bolsa", donde también actuara otras veces Carlos Gardel, de quien me ocuparé más adelante. Una noche fui a escuchar a Azucena Maizani, que de ella se trata, joven muchacha de atractiva belleza, cuyo compañero era un celebrado galán actor llamado Enrique Rando, con los años mi atento amigo. Por intermedio de un popular periodista llamado Marianito de la Torre, fui atendido por la Maizani a quien le llevé el tango. Me dijo: "ya me hablaron de que este tango puede ser un éxito. Lo que pasa es que vengo de Bs. Aires con un repertorio estudiado y esta noche, en atención a tu visita y a tus palabras, te voy a dedicar desde el escenario el tango "Padre Nuestro", uno de mis éxitos."




                    Portada de la partitura de "Padre Nuestro", estrenado 
                            por Azucena Maizani el 23 de julio de 1923


También recordaría "Bayardo" su conocimiento con Libertad Lamarque y Agustín Magaldi:
"Conozco a Libertad desde que éramos chicos. Vivíamos en la misma cuadra de la calle Independencia al 1900 (hoy Presidente Roca) a la altura de Ituzaingó, en el conocido barrio de "Las Monjas". Libertad tendría 8 años ... Íbamos a la misma escuela a la vuelta de casa, en la calle Pasco.
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Era allá por el año que conocí a un muchacho soñador y pobre. Marzo de 1922. Hay una esquina en Rosario, Corrientes y 3 de Febrero. En una de sus ochavas había un café donde actuaba una orquesta bajo la dirección de un bandoneonista llamado Romano, buen mozo y buen amigo. En esos años se tenía por costumbre colocar en los palcos donde actuaban las orquestas, un cartelito en que el director anunciaba la composición que iba a ejecutar. Aquella noche debí concurrir al café porque Romano quería que escuchara un tango. Yo conocía las dificultades económicas de aquel joven de mi relato que estaba parado en la puerta del café ... Se llamaba Agustín Magaldi.
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El recuerdo de aquel joven y malogrado cantor, que ya tiene un capítulo en la historia del cancionero argentino como auténtico creador de éxitos, compromete mi gratitud."
En 1925 debutó en LT3 Radio Sociedad Rural de Cerealistas como cantor y recitador. Se presentaba como "Lito" García Ferrari y fue allí que, a instancias del locutor de la emisora, adoptó el nombre artístico "Lito Bayardo".
También por ese entonces consiguió trabajo como empleado en la casa de música "Maliandi".
Este empleo le permitió ampliar sus relaciones con gente del ambiente musical y en 1927 se presenta integrando el dúo "Bayardo-Natale" secundado por el guitarrista Roberto Roussy y también como recitador, acompañado al piano por Santiago Paris.
En 1928 sus empleadores lo envían a Buenos Aires para realizar gestiones comerciales ante la Casa Víctor, porque ésta no remitía los discos encargados para su venta, especialmente los grabados por Magaldi y en ese viaje conoce a Julio De Caro, quien se encontraba organizando una gira que incluía a Rosario y al no poder contar con cantores, "Bayardo" ofrece los servicios del dúo que él formaba con René Rossi y el acompañamiento en guitarra de Roussy. Debutaron en octubre de ese año en el teatro "Nacional" de Rosario. La gira continuaría por las ciudades de Santa Fe, Paraná, Rafaela y Pergamino.
A la sazón y gracias a los buenos oficios de un amigo suyo, Eugenio Basso, un sólido comerciante en venta de accesorios musicales y discos, consigue abrir su propio negocio de música.
A raíz de este trabajo, conoce a Carlos Gardel, quien ya había incorporado a su repertorio el tango "Duelo criollo", que "Bayardo" compuso en colaboración con el músico Juan Rezzano. El cantor le solicita unos datos que el poeta, al viajar a Buenos Aires, se los alcanza y "Lito" así lo recordaba:
"A Gardel ya lo conocía por haberlo tratado allá por los años 1928-30 en ocasión de la aparición del tango "Duelo criollo" que dejara grabado en disco como es del dominio público. Tiempo después y como ya lo relatara en capítulos anteriores, bajé a Buenos Aires para visitar, de paso, a mi amigo Guillermo Barbieri, guitarrista de Gardel, que vivía en Parque Patricios, calle Patagones 2972, Dep 4. Juntos fuimos a visitar a Carlos a su casa de la calle Jean Jaures 735, donde vivía con doña Bertha, su mamá. Gardel me recibió con toda simpatía. Mi visita obedecía a un motivo: conversar sobre para lo que él significaba una preocupación: la escasa venta de sus discos. 
...
Con mi visita cumplía el pedido del amigo y consideramos el caso de los discos.
Resulta que por aquellos años el disco "Nacional", marca en la que el gran cantor grababa, sacaba a la venta, mensualmente, varios discos con tangos y canciones cantados por uno de sus mejores artistas. En cambio la casa "Víctor", marca en la que cantaba Agustín Magaldi, ponía al mercado en venta uno o dos discos por mes donde en una faz cantaba el dúo Magaldi-Noda y en la otra, solo por Magaldi, una composición que obtenía un resonante éxito de venta.
...
La plaza comercial del disco en Rosario no daba abasto para complacer los pedidos.
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Gardel quería ubicar la causa de tal demanda, de la que tenía cabal conocimiento. Mi opinión -que era el resultado de mi experiencia en la venta de discos- se afirmaba en el precio: la casa "Nacional" vendía el disco de Gardel a $ 3,25 y la "Víctor" a $ 2,50. Los clientes pedían por adelantado el disco de "avanzada" grabado por Magaldi. En cambio los discos grabados por Gardel había que hacerlos oír y elegir lo que el comprador estimaba mejor.
...
Han pasado los años. Muchos años. Y aún recuerdo aquellas palabras:
- Sabés lo que hago, por eso. Rajarme y perderme un tiempo por Europa. A veces traigo un éxito (como los tangos "Silencio", "Anclao en París" o "Dandy") y Razzano, que es "alcista" y me coloca bien, me da la oportunidad de debutar con un retorno triunfal."


                                                            

                                                 "Lito Bayardo"


Para las fiestas de carnaval de 1929, De Caro vuelve a solicitar su concurso para cantar con su orquesta de 30 músicos en el teatro "Ópera".
Una última anécdota con Gardel refirió el poeta y con un valor especial, pues une al cantor inmortal con Agustín Magaldi.
"Por el año 1931 Gardel había regresado de Europa y días antes de debutar en el cine "Broadway", de la calle Corrientes casi esquina Libertad, debió hacer una diligencia en Rosario, en compañía de sus amigos, los periodistas rosarinos Bravo y Robertaccio.
Enterado de su estada fui a saludarlo al hotel
    - Me venís al pelo porque ando de paso por unas horas. Decime, por casualidad, ¿vos tenés un disco con un estilo que yo grabé hace una punta de años y se titula "Amargura"?
     -  Creo que sí lo tengo. Es una grabación "mecánica". 
...
Efectivamente en mi negocio de música encontré el disco.
...
     - ¿Lo encontraste?
     - Sí, Carlos. ¿Se lo llevo?
     - No, pibe. Lo quiero escuchar allí, en tu casa.
...
Se daba el caso de que en esos días solía recibir la visita de Agustín Magaldi, que se hallaba de paseo, visitando a sus familiares. ... Nos habíamos puesto de acuerdo con Agustín para grabar, cantado, el tango de Padula "9 de Julio" que deseaba modificarlo en la primera parte con una guía melódica sobre la que escribiría la letra.
...
A las 5 y minutos llegó Gardel para escuchar el estilo, cuyo disco conservo aún como un valioso recuerdo. 
De más está decir la emoción que sentía quien escribe estas Memorias. ¡Tenía en mi modesta casa auténticas glorias nacionales!
     - A esa voz la conozco - dijo Gardel al escuchar el canto de Magaldi.
     - Sí... - respondí por lo bajo-, es él ... anda de paseo.
Agustín se hallaba sentado en un rincón, de espaldas.
...
Gardel, que conocía la música se acercó cantando a dúo con la voz de Magaldi ...
Declaro con emoción que, de haber existido en aquellos tiempos un grabador, tendríamos para la historia dos voces amalgamadas de incalculable valor.
... "
Extensa fue la trayectoria de "Bayardo". En 1934 se radicó en Buenos Aires. Formó un nuevo dúo con Alfredo Lucero Palacios. Actuó en las radios "Belgrano", "Stentor", "Prieto" y "El Mundo", en esta última merced a los buenos oficios de José Razzano.
Compuso, según su propio recuento, 605 obras, siendo sus más frecuentes colaboradores Juan Rezzano, Rafael Rossi, Ciriaco Ortiz, Juan Larenza, Agustín Irusta.
Se destacan, entre ellas, el vals "Flores del alma"; la ranchera "La mentirosa"; las zambas "Hermano gaucho", "Mama vieja" y "Rosario de Santa Fe" y los tangos "Pájaro ciego"; "9 de Julio" y fundamentalmente, "Duelo criollo", 4º premio del concurso organizado por Max Glücksmann, correspondiente al año 1928.
"Lito Bayardo" falleció trágicamente en Buenos Aires el 7 de marzo de 1986.


                      Duelo criollo; tango ("L. Bayardo" - J. Rezzano)
                                               Carlos Gardel
              Guitarras: José Aguilar - Guillermo Barbieri - José Ricardo
                  Grabado en Odeón de París el 11 de octubre de 1928
                                      Nacional 18251a/Ki 1852-1



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